Un antes y un después

Certificado de instructora en mano de Yogaroom Barcelona  (en pleno proceso de ordenación de mi cochiquera) creo que es momento de sentarse y pensar qué hacer con mi yogui-vida a partir de ahora. Y es que hay un antes y un después de esto.
(Ordenar la casa me pone reflexiva, ya veis…).
 Aquí me tenéis, entornando los ojos, mirando por la ventana y para traeros una sesuda reflexión sobre esto de ser instructurora. Pero empecemos por el principio…

El curso, para mi misma con mi mecanisma.

Como os resumiría yo mi experiencia en el curso… Creo que decir “La Pera” sería lo más corto y preciso. – Eso fue lo que puse en Facebook tras el primer fin de semana y creo que es bastante ilustrativo-.

Como supongo que cada uno tiene sus motivos cuando se decide a hacer un curso de instructora yo parto del mío que era profundizar en mi práctica. Y creo que es un importantísicomo lugar de partida. Si no sabes lo que quieres lograr, malament…

Detalles detallosos

El curso es intenso, desde el primer momento tuve la sensación de que iba a currar al máximo. (Y cierto! acabé con la lengua fuera¡) En el primer encuentro Amelie nos deslumbró con una inmersión en lo que iba a ser el curso. Quienes me vieron después del encuentro de Diciembre, me vieron básicamente flipada.

“Estás en tu cabeza”

Esto me dijo, y me dejó patrás! (Ai madre, y como lo sabe!?)

Amelie, te cala enseguida (da un poco de miedo… parece “meiga”!).  Está donde tiene que estar, mirándote y dándote indicaciones para que tú sola avances. No es que “te lleve de la mano” si no que te deja ir a tu bola, pero guiándote. Y yo, en mi mismidad, está claro que necesita salir de mi cabeza. Flasca en toda la boca!

Fui percatándome de que la “cosa” iba a ser completamente diferente a lo que estaba acostumbrada. Había practicado ya Vinyasa pero allí fuimos al corazón del asunto, a los principios básicos, a la raiz de la patata! a hacernos sentir, fluír y entender el flow! Ou Yeah!

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